Anillos lagarto, geoglifo Sitio Pampa de la Perdíz
miércoles, julio 09, 2008
sábado, junio 07, 2008
lunes, mayo 19, 2008
-La voz de Rimbaud-
Mon innocence ferait pleurer.
Arthur Rimbaud
En una calle de Aswuan,
entre ásperas maderas de calesas destruidas,
un anciano recuerda la voz de Rimbaud.
No recuerda la palabra Nilo,
ya no sabe del desierto (ya está en medio del desierto),
ya no sabe qué es camello ni tampoco poesía.
Es el único del pueblo que jamás discute precios,
para algunos es mendigo,
para otros es profeta,
es el único del mundo que recuerda aquella voz.
Yo lo miro, pero él no puede verme, ya está ciego.
Hay diez manos que me empujan,
hay diez voces que me gritan ofreciéndome el almizcle,
altos nubios de madera, las babuchas.
¿Cómo era? –le pregunto.
¿Cómo era? –le suplico. ¿Cómo era aquella voz?
No me oye,
ni tampoco estará oyendo del mercado el vocerío,
ni el llamado a la mezquita cinco veces por jornada,
ni el llamado de la muerte treinta veces cada día.
No me oye, pero cada vez que quiere
puede oírlo a Rimbaud.
Un lejano día
en un puerto despoblado del Mar Rojo
el francés le dijo: “en mi pueblo ya no soy más que un extraño”.
Un lejano día… -yo recito, y el anciano,
despertando de repente me replica: “Fue una noche,
compre algo, por favor”.
Yo le compro una banana por el precio de un papiro, lo sacudo,
-¿cómo era?
y detrás del sol de Egipto,
otro sol más despiadado me flagela la cordura.
El anciano, el profeta o el mendigo,
reconoce los billetes con tres dedos derretidos: “fue una noche”.
De su boca, mi esperanza, es la única propina.
No consigo despedirme, ya no logro ni moverme, lo estoy viendo todavía.
Un mendigo más
entre miles de mendigos que desoyen al que adoran,
los millones que soñamos un alcohólico Mesías.
Ya está ciego, casi sordo,
con un grado más que ascienda el calor de los desiertos
su recuerdo se fulmina
y la voz calló.
Samsa
miércoles, febrero 27, 2008
viernes, febrero 22, 2008
domingo, febrero 10, 2008
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.
lunes, febrero 04, 2008
lunes, enero 21, 2008
viernes, enero 11, 2008
jueves, enero 03, 2008
domingo, diciembre 02, 2007
viernes, noviembre 09, 2007
Ngenechen omilen
Yo
diosa de todos los silencios
soy sólo un río adormecido
que el rayo despertó
desviando su curso
para desbordarlo de amaneceres olvidados.
Deshago ritos.
Rasgo vestiduras.
Arrastro sueños y mañanas
pero no soy más que un río de oscuros ojos
que el rayo del día y de la noche remonta
colmando de azul su cauce.
Apenas un río triste
ahora turbulento
buscando un lecho
de armarios vacíos y caracolas
donde descansar sus aguas.






